La ciencia en busca del alma – por Israel Shamir

 

“Me encantan los científicos, pero nos van a matar a todos”, dijo Jon Stewart en The Late Show with Steven Colbert . La ciencia alivió nuestro sufrimiento debido a una pandemia que, muy probablemente, fue causada por la ciencia, dijo a la audiencia. (Aquí puedes encontrar una respuesta ácida al programa en la revista Unz Review) ¿Será cierto? ¿La ciencia y los científicos nos salvan o nos matan? ¿Hasta dónde podemos confiar en ellos? Esto se ha convertido en una pregunta relevante porque ahora no se conforman con quedarse en sus laboratorios sino que aspiran a gobernarnos como lo hacen Anthony Fauci y los suyos.

Esta aspiración surge de una Carta Abierta de Premios Nobel y otros dignatarios que exigen que les cedamos la administración planetaria que tenía la Iglesia, o que pretendía tener en la Edad Media. Un pronunciamiento tan alucinante pasó sin llamar mucho la atención; esto dice más de los medios de comunicación que de la magnitud del acontecimiento en sí. Al fin y al cabo, desde el siglo XI, nadie había pretendido guiar a toda la humanidad.

La carta, titulada “Nuestro planeta, nuestro futuro: Una llamada urgente a la acción”, afirma que la Ciencia es la nueva Iglesia de la humanidad, benévola y sabia. “La ciencia es un bien común global en la búsqueda de la verdad, el conocimiento y la innovación para una vida mejor. [Queremos promover una transformación hacia la sostenibilidad global para la prosperidad humana y la equidad. Es necesario reducir a la mitad las emisiones globales de gases de efecto invernadero y detener e invertir la destrucción de la naturaleza”. Afirman que el Covid-19 es una “enfermedad zoonótica”, transmitida por murciélagos y pangolines – la carta se publicó a finales de abril, justo antes del milagroso giro de 180 grados del consenso científico sobre este punto. Los científicos proponen siete principios para gobernar nuestras vidas, y algunos de ellos son de gran alcance. ¿Debemos aceptar sus recomendaciones?

Para hablar de ello, he acudido a uno de los principales científicos contemporáneos, el profesor Roman Zubarev. Es un hombre atrevido y franco que no teme decir lo que piensa, una cualidad poco común entre esta multitud más bien tímida. Roman Zubarev dirige un laboratorio en el Instituto Karolinska, posiblemente la mejor institución científica de Suecia, que ha estado muy involucrada en la selección y nombramiento de los ganadores del Premio Nobel. En una impresionante primicia, formó una célula viva a partir de materia muerta. Descubrió la resonancia isotópica, un fenómeno relacionado con la creación de vida.

ISH: Recientemente, los premios Nobel se han reunido y han publicado “Una llamada urgente a la acción” a la humanidad, en nombre de la ciencia. Parece que quieren formar un gobierno mundial, un viejo sueño de varios visionarios desde HG Wells y Shaw hasta Schwab y Gates. ¿Qué sugieren realmente los científicos? ¿Deberíamos nosotros, la humanidad, hacer caso a su llamamiento?

RZ: Ese llamamiento me dejó perplejo, perturbado, eufórico y provocado al mismo tiempo. Normalmente, cuando un premio Nobel habla, merece la pena prestarle atención. En este caso, toda una compañía de premios Nobel y otros estimados expertos han redactado una Carta. La he leído varias veces, tratando de entender el significado más profundo, oculto bajo lo que parece ser una señalización de la virtud: llamamientos a favor de todo lo bueno y en contra de todo lo malo. Pero no se me ocurriría criticarlos si no fuera por la larga tradición de revisión por nuestros pares en la investigación. Los científicos que redactaron y firmaron la Carta deben estar muy acostumbrados al implacable análisis crítico de sus escritos por parte de revisores a menudo -pero no siempre- anónimos. Por ello, pensé que lo mejor era tratar la Carta como si fuera un manuscrito de investigación presentado para su publicación.

ISH: ¿Y cuál es su veredicto?

RZ: La Carta presenta un paisaje muy desigual con algunas reflexiones profundas y otras sugerencias aparentemente más bien superficiales.

Un pensamiento especialmente llamativo está repartido por toda la Carta. Tuve que recoger una frase relevante aquí y otra allá para armar un mensaje completo y coherente. Aquí está: Nuestro mundo está en peligro debido a dos factores: la degradación del medio ambiente y la desigualdad, y sin resolver el segundo no se puede resolver el primero.

Hablan de la transformación global y dicen que una base esencial para esta transformación es abordar las desigualdades desestabilizadoras en el mundo. También citan a Joseph Stiglitz, premio Nobel de 2001, que dijo “La única prosperidad sostenible es la prosperidad compartida”. Por supuesto, Karl Marx había dicho esencialmente lo mismo 150 años antes.

Parece que ahora los mejores científicos del mundo piden una revolución global como hizo Marx en su momento. Esa parece ser la conclusión más lógica a la que se puede llegar tras una lectura atenta de la Carta.

En primer lugar, los autores admiten, con gran mérito, que la ciencia no es una solución al mayor problema del mundo, sino un componente esencial de ese problema. Dicen: En conjunto, los avances tecnológicos hasta ahora nos han acelerado en el camino hacia la desestabilización del planeta. También dicen que el progreso científico ha conducido a mayores niveles de urbanización, y la urbanización está exacerbando las desigualdades existentes, y creando otras nuevas.

Además, en su haber adicional, culpan implícitamente al capitalismo como sistema socioeconómico: Mientras que todos en las sociedades contribuyen al crecimiento económico, los ricos en la mayoría de las sociedades se llevan desproporcionadamente la mayor parte de esta riqueza creciente. Esta tendencia se ha acentuado en las últimas décadas.

Cuando se destila el mensaje, es bastante claro: si no queremos perder el planeta, tenemos que arreglarlo en esta década, y para ello tenemos que cambiar el sistema socioeconómico mundial. Ningún avance científico puede sustituir ese cambio, ya que en el capitalismo los logros tecnológicos sólo pueden exacerbar la desigualdad. Esto es bastante revolucionario.

 

ISH: ¿Qué sugieren en términos prácticos?

RZ: No mucho. Parece que, como científicos, están más interesados en diagnosticar el problema y esbozar una solución generalizada que en dar consejos realistas.

En un sentido práctico hay una mezcla de siete sugerencias. La de Política es la más relacionada con el sistema socioeconómico. Sin embargo, suena extraña y floja: complementar la actual médición del éxito económico, por el producto interior bruto (PIB), con algún tipo de medida del verdadero bienestar de las personas y la naturaleza.

No soy economista y quizá sea una gran sugerencia. Pero a mí me suena similar a la propuesta de fusionar el dólar estadounidense con los “likes” para crear una nueva moneda de reserva mundial. Por lo que sé, el PIB es sólo un número utilizado en los informes económicos, y tiene poca relación con los procesos económicos de la vida real, por no hablar de la estructura del sistema socioeconómico. Ya existen varios índices socioeconómicos que clasifican a los países, y no está claro por qué más índices resolverían el problema de la desigualdad.

Una sugerencia de Finance & Business también suena un poco débil: las empresas deben reciclar más. Pero luego sugieren que las externalidades económicas, medioambientales y sociales deben tener un precio justo. Recuerdo la exigencia de Brezhnev, muy ridiculizada en la antigua URSS tras su desaparición en 1982, de que “la economía debe ser económica”. Pero a diferencia de la inofensiva declaración de Brezhnev, a ésta le salieron rápidamente los colmillos bajo la forma del reciente impuesto sobre el carbono de la UE. Por desgracia, estos dientes parecen estar mordiendo la mano del tercer mundo que los alimenta.

Todavía hay otras buenas sugerencias. En el ámbito de la educación, la Carta pide que se enseñe en las universidades la administración del planeta. Eso está muy bien. Espero que el plan de estudios incluya La biosfera de Vladimir Ivanovich Vernadsky, publicado hace casi un siglo, en 1926. Ya es hora de que pensemos en nuestro planeta como un sistema único que no reconoce las fronteras artificiales de los países. Por supuesto, hay que tener cuidado para no crear un gobierno mundial monstruoso y opresivo. Con la diversidad de los países, los disidentes pueden seguir encontrando refugio en algún lugar; no podemos arriesgarnos a perder esto.

Otra buena sugerencia se encuentra en el acápite Business: debemos desarrollar nuevos modelos de negocio para compartir libremente todo el conocimiento científico. No puedo estar más de acuerdo. Debido a la situación actual de los derechos de autor, las bibliotecas universitarias se ven obligadas a pagar derechos exorbitantes para acceder a las publicaciones que los científicos escribimos y revisamos gratuitamente. A los investigadores que no tienen el privilegio de acceder a bibliotecas universitarias bien financiadas se les pide que paguen varias docenas de dólares para leer un solo artículo que puede tener sólo unas pocas páginas.

Esto está cambiando ahora, pero la principal batalla por la gratuidad de la información está todavía en el futuro. Unos pocos sitios web “piratas” existentes, pero implacablemente acosados, que ofrecen descargas gratuitas de literatura científica, han hecho posiblemente más por promover la ciencia en el mundo menos desarrollado que las grandes universidades occidentales.

El resto de las sugerencias de la Carta parecen estar llenas de contradicciones y errores. La innovación impulsada por la misión, por ejemplo, aboga por la colaboración a gran escala entre investigadores, gobiernos y empresas, mientras que la Carta admite en otra parte que 100 años de tal colaboración han dado lugar a la exacerbación de los peores problemas del mundo.

En Tecnología de la Información, la sugerencia de que las sociedades deben actuar urgentemente para contrarrestar la industrialización de la desinformación suena peligrosamente cercana a un llamamiento a la censura global de los medios sociales. Semejante pensamiento debería ser ajeno a cualquier científico realmente adherido al principio de la Magna Charta Universitatum de que la libertad en la investigación y la formación es fundamental para la vida universitaria.

Igualmente desconcertante es el llamamiento en Educación a enseñar sólo el consenso científico. Los autores y firmantes deben saber mejor que nadie que el consenso científico se utiliza mayoritariamente en la ciencia para la llamada “hipótesis nula” que debe ser demostrada como falsa por cada nuevo descubrimiento científico. Y como la educación y la investigación, según la Carta Magna, son inseparables, enseñar sólo el “consenso científico” significa investigar sobre todo dentro de la hipótesis nula. Si se lleva a cabo, esta sugerencia probablemente provocaría la muerte de la ciencia moderna tal y como la conocemos y la resurrección del cadáver zombi de la escolástica.

La historia suele ser lo suficientemente cruel como para que los médicos prueben la amarga medicina que recetan. Es una vieja historia: hace dos mil años, Li Si institucionalizó los castigos con  los “cinco dolores”, y él mismo fue sometido a ellos en su momento. Los que claman por la persecución política de los disidentes acaban siendo perseguidos ellos mismos; basta con mirar a Trotsky. Los que abogan por la censura serán censurados ellos mismos; los ejemplos son demasiados para citarlos. Al parecer, los premios Nobel no se conceden por el conocimiento de la historia…

Y la venganza de la historia puede materializarse muy rápidamente. En la fecha oficial de la firma de la Carta, el 29 de abril, el “consenso científico” era que el SARS-Cov2 era un virus natural, y la Carta culpaba obedientemente por la pandemia de Covid-19 la destrucción de los hábitats naturales, las sociedades altamente interconectadas y la desinformación (¡!). Ahora, el creciente consenso entre los científicos independientes y el público en general es que el virus es una creación de laboratorio. ¿Significa este consenso emergente que la Carta difunde información errónea y tiene que ser prohibida en las redes sociales? Una pregunta retórica, por supuesto…

 

ISH: ¿Qué más le ha llamado la atención?

RZ: La fuerza serpenteante de los argumentos científicos que afirman que nuestro mundo está condenado a menos que… La Carta habla de la supervivencia de toda la vida en este planeta, una apuesta bastante alta, y sin embargo todo lo que podemos decir con seguridad es que estamos a 1,2°C por encima del nivel preindustrial de las temperaturas (1850-1900). Esto no parece demasiado, sobre todo sabiendo que la mitad de ese valor ya se había alcanzado en la década de 1940, cuando las emisiones de CO2 debidas a la actividad humana eran mucho menores.

Incluso la afirmación de que estamos experimentando la temperatura más cálida de la Tierra desde la última edad de hielo, hace unos 20.000 años, no suena demasiado peligrosa: en aquella época, los árboles crecían incluso más allá del Círculo Polar Ártico.

La Carta también dice que estamos perdiendo la capacidad de recuperación de la Tierra, pero la capacidad de recuperación del medio ambiente es difícil de sobreestimar: en el norte de Siberia, por ejemplo, las temperaturas medias fluctuaron entre 46.000 y 12.000 años atrás en unos 20°C y, sin embargo, el medio ambiente vivo se mantuvo estable.

La Carta también dice que existe el peligro de un calentamiento de más de 3°C en 80 años, algo que no ha ocurrido desde hace al menos 3 millones de años. Pero incluso suponiendo que esta proyección sea más precisa que las anteriores predicciones fallidas de catástrofes, hace 50 millones de años la Tierra era mucho más cálida que eso. Las palmeras que crecían en la región del Ártico y en la Antártida difícilmente coinciden con la proyección de la muerte de toda la vida en el planeta.

No estoy en contra de la noción de que el clima global está cambiando, y es una hipótesis plausible que la actividad humana esté contribuyendo a ello. Pero lo que me preocupa es que, al hablar del cambio climático, la Carta no mencione los efectos positivos del calentamiento global, como el aumento de la productividad de la tierra en gran parte del hemisferio norte. En general, parece que últimamente hay una escasez de debates competentes “a favor” y “en contra” del cambio climático. Los argumentos esgrimidos sin modelos informáticos fiables y comprobables no inspiran confianza. De forma preocupante, los debates sobre los efectos positivos del calentamiento global están prohibidos hoy en día en los principales medios de comunicación.

Y aunque un análisis exhaustivo demuestre que los argumentos “en contra” prevalecen, y que el cambio climático global inducido por el hombre es malo para la humanidad, el remedio puede seguir siendo peor que la enfermedad. La Carta dice que las emisiones globales de gases de efecto invernadero deben reducirse a la mitad en la década de 2021-2030. Compárese esto con los efectos globales de la pandemia de Covid-19: en 2020 las emisiones de carbono procedentes del uso de la energía se redujeron un 6,3%, pero el PIB mundial se redujo casi igualmente, un 5,2%. ¿Qué impacto tendrá en la economía mundial una reducción del 50% en la producción y el consumo de combustibles fósiles, en vista de la necesidad económica de fuentes de energía fiables? Las energía “renovables” intermitentes ya están al máximo en casi todo el mundo desarrollado, y no se puede añadir mucho más sin que el suministro de energía deje de ser fiable. Ya hemos forzado bastante estas fuentes de energía verde sostenible, y si la nueva generación de fanáticos del medio ambiente sabe algo que la anterior no sabía, debería compartir este conocimiento con el mundo.

Tal vez sería más honesto admitir que estamos experimentando el Pico del petróleo, y que no importa lo que hagamos ahora y cuánto vaya a costar un barril de petróleo, la producción de petróleo comercializable bajará inevitablemente. Eso ya ocurrió una vez con el petróleo convencional a mediados de la década de 2000, pero entonces la caballería estadounidense acudió al rescate del mundo, explotando el potencial del petróleo de esquisto. Esa solución funcionó durante un tiempo, pero resultó ser sólo una solución temporal. Ahora el declive de la producción de petróleo parece inevitable y, según algunas proyecciones, podría alcanzar el 50% en 2030. Si esto ocurre, los deseos de los autores, así como los planes de la UE de reducir las emisiones de carbono en un 55% respecto a 1990, se cumplirán automáticamente.

O puede que no, porque hoy en día hay que quemar mucho petróleo para producir algo de petróleo comercial. Y en el pasado, con el primer Pico del Petróleo, pasó lo mismo. Y todo ese petróleo quemado se convierte en CO2. Probablemente por eso un país tan (aparentemente) “consciente del medio ambiente” como Canadá, en lugar de disminuir su nivel de emisiones de CO2, lo ha aumentado en un 3% entre 2016 y 2019, y desde 1990 el aumento es de más del 21%.

Por lo tanto, es lógico que la disminución de la producción de energía fósil en el Pico del petróleo vaya acompañada de un aumento simultáneo de las emisiones globales de CO2. Peor aún, la reducción artificial del consumo de petróleo pretende mantener bajos los precios del petróleo, pero cuando el coste de extracción de un barril de petróleo supera el valor de mercado de ese barril de petróleo, la extracción simplemente se detiene. Y con ello se detendrá también la producción mundial de la mayoría de los demás bienes, incluidos los alimentos. Entonces nos veremos reducidos a utilizar animales de tiro para la agricultura y lo que en algunos lugares se llamaba eufemísticamente tierra nocturna como fertilizante. Este, y no el calentamiento global, es el escenario verdaderamente de pesadilla.

Pero tanto si el calentamiento global se utiliza como tapadera para quedarse sin petróleo económico como si no, el problema de la descarbonización puede ser demasiado complicado para ser modelado de forma fiable hoy en día. La Carta admite que nadie sabe con certeza qué es lo que va a funcionar. Si este es el caso, sólo se puede culpar a los fanáticos del medio ambiente por sobrevender sus proyecciones poco fiables pero no de estar arruinando a propósito la economía mundial.

La brusca reducción del consumo de combustibles fósiles, ya sea por la ausencia física de petróleo o por la prohibición política de su uso, causará casi con toda seguridad estragos en la economía mundial. La UE espera salvarse de esos estragos invirtiendo 1,8 billones de euros en la aplicación de su plan de reducción del 55% de las emisiones de CO2 y otras medidas conexas. Simultáneamente, se están introduciendo los ya mencionados aranceles al carbono (mecanismo de ajuste en la frontera del carbono, CBAM). Su objetivo es aparentemente nivelar las condiciones, pero en realidad están perjudicando a muchos países en desarrollo, como Mozambique, Guinea, Sierra Leona, Ghana, Camerún, Zimbabue, etc. ¿Cómo cuadra este daño al tercer mundo con el objetivo de reducir la desigualdad global? No mucho, pero algunos pueblos deben pagar la factura de los sueños de los ecologistas occidentales, y parecen ser los de los países pobres.

Dado que en la Carta se advierte que a causa del cambio climático [se] espera que empeore la desigualdad, y se declara que la desigualdad es el problema de fondo, las acciones de la UE deberían enfurecer a los autores y a los firmantes. ¿Cómo podría la UE actuar sobre el clima global sin abordar primero el problema de la desigualdad, y de hecho, arriesgándose a aumentar la desigualdad global?

La Carta pide que los 193 países que han adoptado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas asuman la administración del planeta. ¿Han aprobado todas estas naciones, o al menos su mayoría, el impuesto sobre el carbono CBAM de la UE? Si no es así (y sinceramente dudo que lo hayan hecho), parece que hay una importante violación del llamamiento de la Carta a la toma de decisiones colectiva.

Esto podría ser una prueba de fuego para la sinceridad de la Carta. Si los autores y los firmantes alzan la voz para reprender a la UE por poner la carreta delante de los bueyes, merecerán elogios. Pero si permanecen en silencio o aprueban el curso de acción de la UE, la Carta puede ser desestimada como un mero señuelo de virtud.

Dadas las credenciales de los autores y los firmantes, eso sería una gran decepción. Pero probablemente se podría perdonar que no se aguantara la respiración, mientras se espera un resultado satisfactorio. Al fin y al cabo, hay indicios en la Carta de que los propios autores no se la toman muy en serio. Por ejemplo, el final es anticlimático: “El potencial a largo plazo de la humanidad depende de nuestra capacidad actual para valorar nuestro futuro común”, dice la Carta. En última instancia, esto significa valorar la resiliencia de las sociedades y la resiliencia de la biosfera de la Tierra.

Un momento, por favor: uno pensaba que el objetivo de la Carta era crear una sensación de urgencia, ya que la propia supervivencia de la vida en la Tierra estaba en peligro. O sea, mucho ruido y pocas nueces… El peligro para nuestro “potencial a largo plazo” no es una gran preocupación hoy en día para la mayoría de la gente porque, en primer lugar, es a largo plazo, y en segundo lugar, es sólo potencial.

Además, ¿qué significa – valorar la resiliencia de alguien? ¿Acaso no significa confiar en su capacidad para hacer frente a los desafíos actuales? Por lo tanto, si valoramos la resiliencia de las sociedades y la resiliencia de la biosfera de la Tierra, deberíamos simplemente retirarnos, confiando respetuosamente en su capacidad para solucionar los problemas emergentes por sí mismos. Estoy confundido, pero también parecen estarlo los autores de la Carta.

ISH: Redondeando sus palabras, podemos concluir: La ciencia no está hecha para guiar a las personas. La ciencia no tiene moral, ni ética, ni sentimiento del bien o del mal. Es una herramienta, como un tractor. Un tractor excelente y potente, pero sigue siendo un tractor. Son los hombres los que deciden cómo emplear el tractor, o cómo utilizar la ciencia. Un tractor no te diría lo que tienes que hacer; tampoco lo hará la Ciencia. La ciencia no es una iglesia, no tiene por qué guiar a la gente; la gente es la que debe guiar a la ciencia. La gente entiende lo que es bueno y lo que es malo, lo que está bien y lo que está mal. La ciencia no lo hace. Quien habla en nombre de la Ciencia es un impostor, como un sacerdote que habla en nombre de un ídolo. Con una diferencia: Dios puede hablar con la gente, tal vez, a veces. La ciencia no puede hablar. No tiene voz ni mente. Pero este científico, el profesor Zubarev, tiene voz y mente, y volveremos a recurrir a él para hablar de Covid-19 y otros temas importantes.

Roman Zubarev se formó (M.Sc.) en Física de la Ingeniería en el Instituto de Física de la Ingeniería de Moscú, URSS, y se doctoró en Física de Iones en la Universidad de Uppsala, Suecia, en 1997. Tras su formación postdoctoral con Fred W. McLafferty en la Universidad de Cornell (EE.UU.), se convirtió en profesor asociado de espectrometría de masas biológica en el Departamento de Química de la Universidad de Odense (Dinamarca). En 2002, el Dr. Zubarev regresó a Uppsala como profesor de proteómica. En 2009 se trasladó al Karolinska Institutet de Estocolmo, donde asumió una cátedra de proteómica medicinal. Entre sus logros científicos, el Dr. Zubarev ha sido pionero en la disociación por captura de electrones y las técnicas de fragmentación relacionadas, ha formulado y verificado la hipótesis de la resonancia isotópica y ha desarrollado nuevos métodos de proteómica química. Por su contribución a la espectrometría de masas ha sido galardonado con el premio Carl Brunnee (IMSC, 2006), la medalla Biemann (ASMS, 2007) y una medalla de oro (Sociedad Rusa de EM, 2013). El Dr. Zubarev ha publicado más de 350 artículos revisados por expertos y tiene varias patentes.

Israel Shamir, 14 julio 2021

Se puede contactar con Israel Shamir en adam@israelshamir.net

Original: https://www.unz.com/ishamir/soul-searching-science/

Traducción : deepl.com y MP para Red Internacional

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* La guerra mediante el Covid, por Israel Shamir:https://redinternacional.info/2021/03/26/entrantes-o-plato-principal-por-israel-shamir/* La vacunación masiva y el riesgo de escape viral https://redinternacional.info/2021/06/10/9290/

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